domingo, 20 de septiembre de 2009

PEDRO J. PROUDHON O LA ANARQUÍA CONTRA LA JERARQUÍA.

Pedro J. Proudhon (1809-1865): Nacido en el seno de una familia pobre de trabajadores, Proudhon tuvo una infancia más cerca de la pobreza que de un relativo bienestar económico. Así, pues, su educación fue penosa por falta de útiles escolares y de libros; pero, no obstante, conseguía ser clasificado como uno de los mejores alumnos. Y estudiando y trabajando al mismo tiempo, añadiendo sus horas de estudio a las de corrector de pruebas, primero, y, luego, de cajista de imprenta, en Besancon, consiguió el título de bachiller, en 1838, aunque en 1837 ya había escrito su primera obra: Ensayo de gramática general.

Sin embargo, a pesar de este origen de clase, más bien proletario que pequeño-burgués, Proudhon fue tildado por Marx de "no tener el suficiente coraje ni la clarividencia para elevarse aunque no fuera más especulativamente por encima del horizonte burgués". (Miseria de la filosofía). Pero, en verdad, el "petit bourgeois", si no por su pensamiento si por su práctica, era Carlos Marx; hijo de un abogado rico que se permitía pagar los estudios de us hijo otorgándole 700 táleros, cuando las familias más ricas alemanas sólo daban a sus hijos unos 500. Por otra parte, Marx se caso con Jenny von Westphalen, hermana de un ministro e hija de una de las familias aristocráticas alemanas. En cambio, Proudhon, cuando ya era un escritor famoso, habiendo publicado varias obras que le daban un prestigio intelectual, se casó en 1849 con Eufrasia Piegard, obrera bordadora.

Criticando despectivamente el libro de Proudhon, Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, Marx, en su Filosofía de la miseria, decía de Proudhon, que "su libro no era más que el código del socialismo pequeño burgués, aunque Proudhon fu anatematizado, como archirrevolucionario a la vez por los economistas y los socialistas de entonces. Es por lo que más tarde, yo no he mezclado jamás mi voz con los que proferían grandes gritos sobre su "traición a la revolución".

Entre Proudhon y Marx chocan dos concepciones diferentes de la emancipación del pueblo trabajador: una, federalista, autogestionaria, libertaria; otra, centralista, de "ejércitos industriales" en las fábricas nacionalizadas, haciendo del Estado totalitario el dueño de todo. En este orden de ideas, Proudhon se anticipa a lo que sería el Estado soviético con estas palabras: "...el comunismo (estatal) no comprendió siquiera la naturaleza y el destino del Estado; al apoderarse de esta categoría a fin de darse a sí mismo cuerpo y cara, sólo vio el lado reaccionario de la idea, y manifestó la impotencia al tomar por tipo de organización industrial el de la policía. El Estado - dijo - dispone soberanamente del servicio de sus empleados, a quienes alimenta, alberga y pensiona; luego puede ejercer también la agricultura y la industria alimentando y pensionando a todos los trabajadores. Mil veces más ignorante que la economía política, el socialismo (estatal) no ha visto que al hacer entrar en el Estado las demás categorías del trabajo, convertía a los productores en improductivos; no comprendió que los servicios públicos, precisamente porque son públicos o ejecutados por el Estado, cuestan mucho más que lo que valen; que la tendencia de la sociedad debe ser a disminuir constantemente su número, y que lejos de subordinar la libertad individual al Estado, es el Estado (...) al que debemos someter a la libertad individual". (Sistema de contradicciones económicas. Cap. XII).

Para Proudhon el socialismo auténtico se concreta en la propiedad social, la igualdad económica, la superación del salario, la participación directa del pueblo en el autogobierno, el respeto a los derechos y a las libertades fundamentales del hombre, sin centralismo ni Estado totalitario, con federalismo y democracia directa. En cambio, para Marx, no hay liberación del proletariado sin la mediación del Estado protector constituido en representante del interés general. He aquí, al respecto, su programa (los puntos 5 al 8) del Manifiesto Comunista:

"5. Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
6. Centralización en las manos del Estado de todos los medios de transporte.
7. Multiplicación de las manufacturas nacionales, de los instrumentos de producción, roturación y mejoramiento de tierras según un plan de conjunto.
8. Obligatoriedad del trabajo apra todos, organización de ejércitos industriales, en particular para la agricultura".

Increíblemente, los puntos 5) y 6) del Manifiesto Comunista los ha realizado la burguesía y la pequeña burguesía europeas conduciendo gobiernos social-demócratas, demo-liberales y demo-cristianos bajo formas de empresas mixtas o nacionalizadas, sin que por ello haya sido creada una sociedad socialista, ya que los obreros han seguido siendo tan asalariados bajo el Estado-patrón como bajo patrones privados. Y en cuanto a los puntos 7) y 8), antes indicados, la nacionalización de la tierra, de las empresas, de los bancos, de los medios de producción y de cambio, no ha creado el socialismo y, menos aún, el comunismo; pues los trabajadores soviéticos, del campo y de las ciudades, producen para el Estado, usurpador de la plusvalía como los capitalistas occidentales.

Proudhon (tachado de utopista y pequeño burgúes por Marx, Engels, Lenin, la tecnocracia socialista y la burocracia soviética) tenía muy claro que el Estado-empresario, como sustituto del empresario burgués, no emancipaba jamás al proletariado mientras este no organice su trabajo, le pertenezca el capital y el autogobierno de la sociedad, liberada del Estado. Sin propiedad social de los medios de producción (si el Estado es dueño absoluto de la economía, del capital y de la tierra, de los medios de comunicación por medio de la prensa, la radio y la televisión, de la ciencia y la cultura, además, de los tribunales, de las fuerzas armadas y de la policía), no puede haber socialismo sino capitalismo de Estado, burocracia totalitaria, dueña de los bienes y de las cosas, por medio de un Partido único y de un Estado totalitario.

En realidad, (para evitar la dictadura económica de la burguesía y la dictadura política y económica de la burocracia, ya tomemos como referencia al capitalismo de monopolio norteamericano o al capitalismo de Estado soviético) sólo hay un medio socio-económico y político: la propiedad social autogestionada, el autogobierno como forma de democracia directa. Así puede haber programación de la economía autogestionada por medio de federaciones de industria integradas en un consejo nacional de la economía, dentro de un mercado autogestionado (liberado de intermediarios onerosos) entre trabajadores libres asociados con sus medios de producción, entre consumidores no manipulados por la publicidad y los monopolios capitalistas o por las burocracias centralistas que lo planifican todo y lo deciden todo sin el pueblo trabajador, como sucede en la U.R.S.S.

El socialismo de Proudhon no excluye la libertad, no ofrece menos libertad política y económica que la democracia burguesa, porque de ser así sería un falso socialismo, cosa que ha sucedido en la Unión Soviética, donde hay menos libertad que en las democracias representativas occidentales y tanta desigualdad económica como en éstas. A la luz de la lógica, la revolución soviética es contrarrevolucionaria; pues no hay libertad de prensa, palabra, reunión y manifestación; existían en 1985 diferencias de salarios muy desiguales entre los que cobraban 80 y 100 rublos por mes (viviendo en el mínimo de subsistencia) y los que perciben 1000 rublos (disfrutando holgadamente de la vida) por pertenecer a la burocracia política o a la tecnocracia de las empresas estatales.

"El problema del reparto - expresa Proudhon - no lo abordó de frente ningún escritor socialista; y la prueba de que esto es así, está en que todos concluyeron como los economistas, declarando imposible una regla de reparto. Los unos adoptaron por divisa: a cada uno según su capacidad, ya cada capacidad según sus obras; pero se guardaron según ellos, la medida de la capacidad y la del trabajo. Los otros añadieron al trabajo y a la capacidad un nuevo elemento de valuación, que es el capital, o por mejor decir el monopolio, y probaron una vez más que eran unos plagiarios serviles de la civilización por mas que se hiciesen notar por sus pretensiones a lo imprevisto. Por último, se formó una tercera opinión, para huir de esas transacciones arbitrarias, sustituyendo el reparto por la racion y tomando por epígrafe: a cada uno según sus necesidades teniendo en cuenta los recursos sociales. De este modo, el trabajo, el capital y el talento, quedan eliminados de la ciencia; al mismo tiempo se suprimen la jerarquía industrial y la competencia; además, la distinción de los trabajadores en productivos e improductivos, se desvanece porque todo el mundo es funcionario público; la moneda queda definitivamente proscrita, y con ella todo signo representativo del valor; el crédito, la circulación, la balanza de comercio, no son más que palabras vacías de sentido bajo este imperio de la fraternidad universal. ¡Y yo conozco personas de verdadero mérito que se dejaron seducir por esta simplicidad de la nada". Sistema de las contradicciones económicas. Cap. XII, párrafo VI).

Aunque es un poco abstrusa esta explicación del reparto del excedente económico producido por el trabajo, se deduce que, en el modo de producción estatista soviético, se reparte según la calidad y la cantidad del trabajo de cada uno, "pero los burócratas se guardan muy bien de especificar la medida de la capacidad y la del trabajo", ya que unos reciben mucho y otros, poco, siendo así el "socialismo soviético" un capitalismo con respecto a la distribución desigual de la riqueza creada por el trabajo asalariado. En cuanto al modo de producción capitalista, de la plusvalía generada por el trabajo asalariado, se atribuye la mayhor parte de la mismaal capital del empresario, al sistema de monopolios económicos, al interés bancario, a los impuestos para el Estado, a los ingresos percibidos por comerciantes y toda clase de personal improductivo. En un sistema socio-económico basado en dar a cada uno según sus necesidades, pero teniendo en cuenta los recursos disponibles, pudiera ocurrir que la producción fuera igual al consumo no quedando así un ahorro necesario para inversión y reproducción ampliada del capital social. Para evitar el estancamiento económico, tecnológico y científico, necesariamente en un socialismo libertario, habría que cuantificar la producción y el consumo, conocer exactamente la capacidad de producción y los límites apropiados del consumo, llevando una contabilidad en unidades físicas y monetarias estables, a fin de no tomar los deseos por realidades.

Ahora bien, un socialismo libertario puede transformar, per ono eliminar voluntariamente, las leyes económicas objetivas hasta que nos e alcanzase una economía de abundancia de bienes y servicios, gracias a una prodigiosa productividad del trabajo automatizado, que permitiría superar la economía política y sus categorías de producción escasa, consumo desigual, insuficiente inversión, baja productividad del trabajo, desarrollo económico, cultural y tecnológico desigual entre la ciudad y el campo y remuneración desigual entre trabajo manual e intelectual. Mientras todo esto dure, los hombres parecerán iguales, pero unos serán en salarios, sueldos o ingresos, más remuneraso que otros, dejando así subyacentemente clases, castas o "grupos sociales", que no ha podido superar el socialismo de Estado, donde unos cobran salarios muy altos y otros muy bajos.

Para que haya justicia social y equidad entre los hombres, hay que ponerla riqueza en común y abolir el sistema del trabajo asalariado, creando una economía autogestionaria que suprima la explotación del hombre por el hombre a condición de que el excedente económico generado por el trabajo asociado, uniendo el capital, la técnica y el trabajo en la empresa autogestionaria, sea revertido a los trabajadores emancipados del capitalismo privado o de Estado.

Sobre la injusticia social del trabajo asalariado, Proudhon plantea el mecanismo económico de su superación en el porvenir:

"El salario del trabajador -aclara- no rebasa casi su consumo corriente y no le asegura el salario del día siguiente, mientras que el capitalista encuentra en lo producido por el trabajador una garantía de independencia y de seguridad por su porvenir.

"Así, pues, este fermento reproductor, este germen eterno de vida, esta preparacion de un fondo e instrumento de producción, es lo que el capitalismo le debe al trabajador, y que no le devuelve jamás; y es esta denegación fraudulenta lo que constituye la indigencia del obrero, el lujo del ocioso y la desigualdad de condiciones. Es en esto, sobre todo, que consiste lo que se ha llamado la explotación del hombre por el hombre". (Qu'est-ce que la propieté? p. 216.

Mientras el obrero sea sometido a un régimen de producción asalariado, ya sea bajo el modelo del capitalismo occidental o de capitalismo de Estado soviético, no habrá liberación de los trabajadores, obligados a producir para clases parasitarias, opresoras y explotadoras. Mediante la propiedad social de los medios de producción y de cambio, en forma de empresas autogestionarias od e interés social, tiene que ser superado el salariado por un ingreso variable de las unidades de trabajo asociado, en el sentido de que si éstas producen más excedente económico, si aumentan su productividad, obtendrán más ingresos personales de acuerdo con el resultado del colectivo de trabajo. Tal podría ser inicialmente, un sistema libertario autogestionario, a condición de abolir el trabajo asalariado, de tal suerte que no se apropie la plusvalía el emrpesario privado o el Estado-empresario. Ellon no quiere decir que la sociedad autogestora libertaria no participe en el excedente económico de las empresas a nivel de autogobiernos locales, regionales o del autogobierno nacional, que con las federaciones de producción y de servicios integradas en un Consejo de Economía Nacional, constituirían un doble federalismo: administrativo, de los autogobiernos; y económico, de las federaciones de industria. Así habría planificación con participación popular a todos los niveles de decisión: locales, comarcales, provinciales, regionales y nacionales, dentro de un federalismo político y económico, en un espacio geo-económico y geo-político nacional, o universal, cuando las naciones unidas lo fueran de verdad, transformando las empresas multinacionales en federaciones autogestionariaws universales. Y así, cuando el mundo fuera un solo país, se habrían acabado las guerras nacionales y las guerras mundiales, los desarrollos económmicos y tecnológicos desiguales de continente a continente, dando al mundo un crecimiento económico paralelo y proporcionado; sin países ricos ni pobres, lo que constituye otra forma de la lucha de clases entre los pueblos, determinativa de las guerras nacionales o mundiales.

El federalismo, como condición del socialismo, la democracia directa como su expresión política y la emprsa autogestionaria, cooperativa, mutualista, de interés social, permiten la participación directa de todo el pueblo, no ocasionalmente en unas elecciones para elegir políticos profesionales, sino para gestionar directamente, sin las "élites" del Poder, sus empresas agrícolas, industriales y de servicios, sus autogobiernos. Todo ello, coordinado por un eficiente federalismo económico y auto-administrativo, sin lo cual el socialismo es burocrático u otra forma del capitalismo, pero de Estado.

"El feudalismo mercantil e industrial -dice Proudhon- se propone consagrar por medio del monopolio de los servicios públicos, del privilegio de la instrucción, de la extremada división del trabajo, del interés de los capitales, de la desigualdad del impuesto, la degradación política de las masas, la servidumbre económica o el salario; en una palabra, la desigualdad de condiciones y de fortunas. La federación agrícola e industrial, por el contrario, tiende a acercarse cada día más a la igualdad por medio de la organización de los servicios públicos prestados al más bajo precio posible por otras manos que las del Estado, por medio de la reciprocidad del crédito y de los seguros, por medio de la garantía de la instrucción y del trabajo, por medio de una combinación industrial que permita a cada trabajador pasar de simple peón a técnico y artista, de jornalero a maestro". (El principio federativo. Cap. XI.).

La economía de nuestra época es mucho más grande, teniendo muchos más productos y servicios sociales y públicos, muchas más ramas de industria que en los tiempos de Proudhon, pero se puede cuantificar en unidades métrico universales y en unidades monetarias (no muy fiables). Así, en un socialismo autogestionario, federativamente integrado en un Consejo Supremo de la Economía Nacional, donde estuvieran representadas todas las federaciones agro-industriales, de servicios sociales y públicos, el autogobierno nacional sería una administración sin opresión en beneficio de todos, no teniendo que administrar a los hombres por medio del Estado. Y como la informática o la telemática, los ordenadores centrales y terminales contarían con una información global sobre las partes y el todo, la programación económica, con participación de todos, sustituiría a la planificación burocrática, donde unos pocos mandan y los demás obedecen, ya sea con economía dirigida (Oeste) o con economía central planificada (Este). Los ordenadores, bien informados, con cifras y datos fidedignos, sin ocultar como ahora, las rentas parasitarias de las burguesías o de las burocracias, pueden sustituir a los políticos de nuestro tiempo, aprendices de maquiavelos, que prometen lo que nunca cumplen para engañar al pueblo.

Sólo el autopoder y no el Estado, a todos los niveles de decisión y participación popular, puede emancipar a los trabajadores a condición de unir en las empresas autogestionarias y en las federaciones de industria, de producción y de servicios, el capital, la técnica y el trabajo, integrados en una empresa de todos, donde se resuelvan los viejos conflictos de clase.

Hay, pues, que reemplazar la empresa monopólica o la empresa estatal por una empresa autogestionaria de propiedad social, que produzca a precios económicos sin cargar las plusvalías percibidas por las burguesías o de las burocracias totalitarias; hay que superar una vez por todas la lucha de clases, el antagonismo entre el capital y el trabajo en una empresa autogestionaria; hay que sustituir al Estado por el autogobierno informatizado y desburocratizado, en base a que todos los jóvenes cumplan programas de estudios gratuitos hasta los dieciocho años, alcanzando un nivel en ciencias y letras, en informática, en educación cívica, que los faculte para poder ejercer su participación con suficiente educación, en las empresas de gestión directa y en los autogobiernos de democracia directa.

El Estado burgués (Oeste) y el Estado burocrático (Este) son opuestos al interés general de la sociedad; ambos derrochan, por mantener el Estado-Nación, una parte bastante importante de su producto interno bruto en financiar la interminable carrera de armamentos; dedican lo más avanzado de la ciencia y de la técnica y miles de sabios, técnicos, ingenieros e investigadores a fabricar armas químicas, bacteriológicas, atómicas, espaciales, láser y otros armamentos de destrucción masiva, no para que progrese el mundo, sino para aniquilarlo. Por consiguiente, el Estado-Nación (imperial, nacional o regional) debe ser sustituido por la Federación, en el sentido proudhoniano, y no por "la dictadura del proletariado" en el sentido staliniano. El Estado, en el mundo burgués, dilapida el excedente económico de las naciones: impuestos, pagos por la deuda pública, subsidios a empresas ineficientes, subsidios de paro para diferir la crisis y no para resolverla. Así la inflacción monetaria descompone todo el sistema económico de un capitalismo que tiene ya fuerzas productivas para vivir en un socialismo autogestionario, pero que se empeña en mantener un modo de producción obsoleto, anacrónico, impropio de las técnicas, las ciencias y las fuerzas productivas avanzadas de nuestgro tiempo. El Estado burocrático según el modelo soviético, no supera la lucha entre las naciones del llamado "mundo socialista" donde pueden estallar tantas revoluciones y guerras como en el mundo capitalista. En consecuencia los dilemas de la humanidad son: Federación mundial o guerra mundial: socialismo autogestionario o lucha de clases: derecho al trabajo para todos o propiedad para unos pocos; propiedad social o desocupación en masa; autogobierno (barato e informático) o gobierno caro y malo.

El pueblo tiene que autogobernarse sin delegar sus poderes; el sistema parlamentario clásico está fracasado; es el régimen de la burguesía y la clase media parasitarias, que restan los capitales más nobles para inversión a fin de procurar un régimen económico, sin paro obrero, con plena ocupación. No hay necesidad de reforma electoral para reformar la sociedad -como decía Proudhon-, sino de una democracia directa, de un federalismo económico, auto-administrativo, de cooperación y de autogestión en las empresas.

El problema del hombre asalariado, con capitalismo convencional o con capitalismo de Estado (disfrazado de socialismo) reside, no en cambiar una clase dominante por otra, un gobierno burgués por un gobierno "socialista", sino en hacer un cambio de modo de producción y no de ideologías, en el sentido de entregar las empresas y el excedente económico producido en ellas, no a la burguesía occidental o a las burocracias orientales, sino a trabajadores libres asociados con sus medios de producción. En este orden de ideas, respecto al excedente económico producido por el trabajo asalariado, Proudhon aclara:

"He demostrado por la teoría y por los hechos el principio de que todo trabajo debe dejar un sobrante; pero este principio, tan cierto como una proposición aritmética, dista de ser una realidad para todo el mundo. Mientras que por los progresos de la industria colectiva, cada día de trabajo individual da un producto cada vez mayor, y, mientras que, por una consecuencia necesaria, el trabajador, con el mismo salario, debería ser cada día más rico, hay en la sociedad clases que obtienen un beneficio, y otras que van decayendo; trabajadores de doble, triple, céntuplo salario, y trabajadores con déficit; por todas partes, al fin, gentes que gozan y gentes que sufren, y, por una monstruosa división de las facultades industriales, individuos que consumen y no producen." (Sistema de las contradicciones económicas. Cap.II. Subtítulo III).

En la Unión Soviética, evidentemente, todos parecen trabajadores, pero unos trabajan más que otros; unos lo hacen intelectualmente; otros, materialmente; unos (los privilegiados de la "Nomenklatura") cobran "doble, triple y céntuplo sueldo" respecto a otros. Se crea así una distribución del producto material (creado por los obreros de la ciudad y los trabajadores del campo) muy desigual económicamente, en virtud de una división social del trabajo consistente en que unos mandan y otros obedecen; unos, perciben rentasw elevadas; otros salarios en el límite de la ley de bronce o del mínimo de subsistencia.

A la luz de los hechos, ¿quien es "pequeñoburgués"? ¿Marx, que hace protagonista de la sociedad socialista al Estado (bajo forma de "dictadura de la burocracia del Partido único"), o Proudhon, que basa la liberación de los trabajadores en la gestión directa de sus empresas sin dependencia del Estado-patrón? El tiempo ha demostrado que era menos utópico, en cuanto cómo alcanzar el socialismo, el utopista Proudhon que el "científico" Marx.

Marx (que no se liberó de su maestro Hegel tanto como él creía) hizo del Estado, como los ideólogos de la burguesía, el "representantes del interés general", cuando realmente sólo lo es de la burguesía misma como clase dominante, en defensa de su propiedad del capital. En caunto al Estado "socialista", ideado por Marx, conducido por la clase media ilustrada por medio del Partido comunista, resulta ser un Estado de clase, pero de la clase obrera, sino de la burocracia y la tecnocracia, de los que tienen el saber y que por eso mismo acaparan el Poder. En este sentido el Estado "socialista", según el modelo soviético, es el monopolio de los dirigentes del Partido único, todos ellos, salvo raras excepciones, extraidos de las capas de la clase profesional: abogados, economistas, ingenieros, técnicos, científicos de toda clase y tipo; políticos profesionales, que permanecen en sus cargos por tiempo indefinido, mariscales y generales del ejército y de la policía política; profesores y escritores o periodistas repitiendo a coro lo que dice el Líder providencial. Los cuadros dirigentes del partido comunista bolchevique, antes de la Revolución de 1917, eran hijos de la burguesía liberal o profesional, comenzando por Lenin. Actualmente, los dirigentes del PCUS, como nota dominante pertenecen a la "intelligentsia": las universidades soviéticas, más que las occidnetales, no están al servicio de los trabajadores, sino para formar una "nueva clase dirigente" que se relaciona en sus puestos de mando y se casa entre sí, constituyendo así más una casta que una clase con movilidad social.

El socialismo de Estado, denunciado por Proudhon, Bakunin y Kropotkin, ha resultado un socialismo de los intelectuales, de la pequeña burguesía constituida, gracias a la dictadura soviética, en "nueva clase dominante"; una "oligarquía roja" aspirante al poder universal mediante un capitalismo de Estado, en la esfera nacional, y un hegemonismo militarista, en la esfera internacional, lo cual constituye un serio peligro de guerra mundial.

Tanto el socialismo de terciopelo, occidental, (de los gobiernos social-demócratas o socialista de Occidente), como el socialismo soviético (bajo la dictadura total de la burocracia) son, en realidad, ideologías de la clase media, de la pequeña-burguesía, hipócritamente hablando a la izquierda para tenr una vida regalada, gracias a la plusvalía succionada a los trabajadores, ya sea en un país tan "progresivo" como Suecia o tan totalitario como Rusia; el resultado es el mismo, ya sea con socialismo burgués o con marxismo-leninismo.

El mérito de Proudhon consiste, a pesar de sus creencias sobre el "Banco de Cambio" y de los "bonos de trabajo" como posibilidad de emancipación de los trabajadores (aún dentro del capitalismo o sin revolución social), en que, casi con un siglo de adelanto, advirtió que los abogados, políticos e intelectuales de izquierda, pretendían un socialismo más para disfrutarlo ellos, con su ascenso al Poder, que los trabajadores, como viene sucediendo en el Oeste bajo los gobiernos social-demócratas, laboristas y socialistas, y, en el Este, con la burocracia soviética y cía.

No obstante , Proudhon fue menos partidario de la acción revolucionaria que Bakunin y Kropotkin, ya que confiaba en producir un gran cambio socio-económico en virtud del mutualismo. En este orden de ideas, Kropotkin, luego de considerar el individualismo anarquista de Max Stirner, o muy subjetivo y poético, en los escritos de Nitzche, al referirse al mutualismo, dice:

"La otra rama de los anarquistas individualistas la forman los mutualistas, en el sentido de Proudhon. Sin embargo, siempre se alzará contra este sistema la objeción de que dificilmente podría ser compatible con un sistema de propiedad común de la tierra y de los medios de producción. El comunismo en la posesión de la tierra, las fábricas, etc.; y el individualismo en la producción son ideas demasiado contradictorias para coexistir en la misma sociedad; por no hablar ya de lo dificil que sería calcular el valor de mercado y el valor de venta de un producto según el tiempo medio necesario, o el tiempo realmente invertido para su producción. Poner de acuerdo a los hombres en un cálculo tal de su trabajo exigiría ya una profunda penetrafción del principio comunista y sus ideas, al menos para todo producto de primera necesidad. Y si una comunidad introdujese, como posterior concesión al individualismo, un pago superior para el trabajo especializado o posibilidades de un ascenso a una jerarquía de funcionarios, esto reintroduciría todos los inconvenientes del sistema salarial de hoy que los trabajadores intentan destruir". (Folletos Revolucionarios, p. 195. Tusquets editor. Barcelona. 1977).

Realmente, esta profecía de Koprotkin se ha cumplido en la Unión Soviética, donde la jerarquía política en als empresas y en los escalones burocráticos del Estaod, así como los salarios desiguales entre obreros y ejecutivos de empresas, ha reintroducido el capitalismo, pero de Estado, aunque llamándolo comunismo o socialismo, impropiamente, semánticamente, pero no realmente. Y es que en la primera fase de la sociedad autogestionaria que siga la capitalismo no debe de haber diferencias de ingresos personales muy desiguales, ni tampoco educacionales, ya que de esa manera el capitalismo se reproduciría en el "socialismo" como una Hidra de cien cabezas. Ahora bien, mientras no se haga paralelamente a la revolución social una revolución científica y cultural para borrar las diferencias entre trabajo manual e intelectual, esa Hidra de reproducción del capitalismo en el "socialismo" sería su signo y su destino.

Proudhon fue genial en muchas de sus obras, criticando a los falsos revolucionarios y socialistas, pero tenía una gran dosis de utopismo y de reformismo imposible. A este respecto dice Bakunin:
"Proudhon, a pesar de todos los esfuerzos que ha hecho para sacudir las tradiciones del idealismo clásico, no por eso deja de ser toda su vida un idealista incorregible, inspirándose -como le dije dos semanas antes de su muerte- ya en la Biblia, ya en el derecho romano, siendo metafísico hasta el extremo. Su gran desgracia está en no haber estudiado jamás las ciencias naturales y en no haberse apropiado su método. Ha tenido instintos de genio que le hicieron entrever el camino justo; pero, arrastrado por los malos hábitos, idealistas de su espíritu, volvió a caer siempre en los viejos errores: lo cual hizo que Proudhon haya sido una contradicción perpetua, un genio vigoros, un pensador revolucionario que se debatió siempre contra los fantasmas del idealismo, que no llegó jamás a vencerlos.

"Marx como pensador -agrega Bakunin- está en el buen camino. Ha establecido como principio que todas las evoluciones jurídicas de la historia son, no como las causas, sino los efectos de las revoluciones económicas. Es este un grande y fecundo pensamiento que no ha inventado absoutamente nada: ha sido entrevisto, expresado, en parte, por otros antes que él; pero, en fin, a él le pertenece el honor de haberlo establecido sólidamente y de haberlo planteado como base de todo un sistema económico. Por otra parte, Proudhon había comprendido y sentido la libertad mucho más que él. Proudhon cuando no hacía doctrina o metafísica, tenía el instinto del revolucionario: adoraba a Satanás y proclamaba la anarquía. Es muy posible que Marx pueda elevarse teóricamente a un sistema todavía más racional de la libertad que Proudhon, pero carece del instinto de la libertad; es, de pies a cabeza, un autoritario".

Bakunin hace este análisis sincero de Proudhon y Marx, sin que la pasión ideológica no le deje ver la lógica de la razón, sabiendo diferenciar a uno y otro por sus obras y sus hechos, su conducta, su "praxis". Y la historia ha demostrado que el autoritarismo de Marx, propio del ser humano alienado en el Estado, como Hegel expresa en su Fenomenología del espíritu, ha conducido a la dictadura de la burocracia soviética, que se dice marxista-leninista, aunque sea más lo último que lo primero.

"Marx -dice Bakunin en un manuscrito francés de 1871 - estaba mucho más adelantado que yo, cmoo lo está aún hoy; no más adelantado, sino que es incomparablemente más sabio. Yo no sabía entonces nada de economía política. No me había deshecho todavía de las abstracciones metafísicas, y mi socialismo no era más que de instinto. Él, aunque más joven que yo, era ya un ateo, un sabio materialista, un socialista consciente. Fue, precisamente en esa época, cuando elaboró los rpimeros fundamentos de su sistema actual. Nos vimos bastante a menudo, pues yo lo respetaba mucho por su ciencia y su abnegación apasionada y seria; aunque siempre mezclada con la vanidad personal hacia la causa del proletariado, y yo buscaba con avidez su conversación siempre instructiva y espiritual, cuando no se inspiraba en mezquinos odios, lo que ¡ay! sucedía a menudo. Nunca, por consiguiente, hubo intimidad franca entre nosotros. Nuestros temperamentos no lo permitían. el me llamaba idealista sentimental y tenía razón".

Así pues, la polémica entre Marx, por un lado, y Bakunin y Proudhon, por el otro, obedecía a dos concepciones distintas del mundo: una, libertaria; otra, autoritaria; como la historia ha demostrado posteriormente, en las revoluciones marxistas-leninistas, totalitarias y por ello contrarrevolucionarias, finalmente.

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